El lobo está en la puerta: Movilizar a la clase trabajadora contra unas elecciones robadas

El actual movimiento antirracista contra el terror policial es una continuación de la lucha que fue interrumpida por la contrarrevolución contra la Reconstrucción.

30 Sept. — Desde nuestro último artículo, “Elecciones del 2020 e inestabilidad capitalista: ¿Cómo debemos prepararnos?”, el presidente Donald Trump ha declarado varias veces que no dejará el cargo si las elecciones presidenciales “no son justas”.  Queriendo decir, si no gana.  Puede que sea la primera vez que un presidente de Estados Unidos ha dicho abiertamente que no aceptará el resultado de la votación, lo que indica que no habrá una transferencia pacífica del poder.

Esta no es una amenaza frívola.  Trump tiene a su servicio: su propia fuerza policial paramilitar ya probada desplegándose contra manifestantes desde Washington, D.C., hasta Portland, Oregon; el Departamento de Seguridad Nacional;  como también el apoyo de los departamentos de policía más virulentos y reaccionarios;  y una miríada de grupos violentamente racistas.

En el debate del 29 de septiembre en Cleveland contra su oponente demócrata Joe Biden, después de que el moderador le preguntara si condenaría a los supremacistas blancos, incluyendo a los Proud Boys, un grupo violento y racista de extrema derecha, Trump declaró: “Proud Boys: retrocedan y esperen”, reconociendo así que él era su líder.

Más adelante en el debate, Trump rehusó decir que aceptaría los resultados de las elecciones y se negó a decirle a sus seguidores que se mantuvieran en calma o evitaran la violencia.  “Si veo decenas de miles de papeletas, no puedo estar de acuerdo con eso”, dijo, instando a sus seguidores a ir a las urnas y a que “observen con mucho cuidado”.

Si alguien se engaña creyendo que Trump está firmemente contra la guerra, su perorata de 9 minutos en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 22 de septiembre debería aclarar las cosas.  Fue una diatriba nacionalista de preparación para la guerra contra China, junto con Irán, Venezuela y Cuba.  Aunque esto no es inusual para Trump, fue una desviación del subterfugio utilizado por la mayoría de los políticos capitalistas en el escenario mundial.

 “Cuando alguien te muestre quién es, créale a la primera” es un dicho que la escritora y poeta Maya Angelou hizo famoso.  Deberíamos creerle a Trump.

Creciente Represión

Los ataques estatales al levantamiento de Black Lives Matter [La vidas negras importan] contra el racismo y el terror policial se han intensificado.

En Louisville, Ky., Attica Scott, la única representante estatal negra, y su hija de 19 años fueron arrestadas el 24 de septiembre acusadas de delitos graves por disturbios durante las protestas después de la decisión del gran jurado que exoneraba a los asesinos de Breonna Taylor.  Otras veinticuatro personas fueron arrestadas al mismo tiempo, además de las 127 detenidas el día anterior.

Esto sigue a las acusaciones draconianas contra miembros del Partido por el Socialismo y la Liberación y el Partido de Primera Línea para la Acción Revolucionaria en Aurora, Colorado.

El gobernador de Florida Ron DeSantis, anunció recientemente un proyecto de ley, la “Ley para combatir la violencia, el desorden y el saqueo y proteger la aplicación de la ley”.  Ésta intensificaría drásticamente los cargos penales contra los manifestantes.  Bloquear el tráfico se convertiría en un delito grave de tercer grado, pero los conductores que intencionalmente arrojen sus vehículos contra la multitud no serían responsables de las lesiones o muertes ocasionadas.

Destruir o derribar monumentos, como las estatuas confederadas, se convertiría en un delito de segundo grado.

Estos recientes acontecimientos hacen que sea aún más imperativo que la clase trabajadora intervenga activamente en lo que sin duda será una serie de grandes crisis este y el próximo año.

Lecciones de las Elecciones del 2000

Las elecciones del 2000 enfrentaron a los demócratas Al Gore y Joe Leiberman contra los republicanos George W. Bush y Dick Cheney.  Éstas fueron robadas mediante la total supresión del voto de negros y de la clase trabajadora en Florida.

Después de varios polémicos meses de lucha, a veces incluso en la calle, el caso fue resuelto por la Corte Suprema de los Estados Unidos anulando una decisión de la Corte Suprema de Florida que ordenaba un recuento.  Bush fue declarado ganador.  Ni siquiera fue el antidemocrático Colegio Electoral, sino que sólo nueve magistrados de la Corte Suprema eligieron al presidente. 

En ese entonces, James Baker era el principal asesor legal de la campaña de Bush y supervisaba la operación de recuento de Florida.  Baker fue responsable de la estrategia de llevar el caso a la Corte Suprema de Estados Unidos después de perder en un esfuerzo profundamente corrupto a nivel estatal.

Baker más tarde se convirtió en secretario de estado de Bush.  John G. Roberts Jr., uno de los abogados del equipo de Baker, fue recompensado por Bush con un nombramiento para la Corte Suprema.  Roberts es ahora el presidente del Tribunal Supremo.

Como escribió Gary Wilson de Struggle-La Lucha en “Los codiciosos partidarios petroleros de Donald Trump quieren más”:

“’El ex secretario de Estado James Baker consideró votar por Joe Biden en noviembre, pero en cambio seguirá respaldando a Donald Trump, revela una nueva biografía sobre el proceso que describe una razón clave para el continuo apoyo republicano al presidente estadounidense plagado de escándalos’, The Guardian  informa.

“Aunque la ‘miríada de escándalos éticos que rodean a Trump eran desconcertantes’, dijo Baker a los autores, ‘valió la pena por haber conseguido jueces conservadores, recortes de impuestos y desregulación’.

 “Sí, Trump les está dando exactamente lo que quieren”.

 El Papel del Partido Demócrata

En el 2000, el Partido Demócrata luchó contra el robo electoral con una mano atada a la espalda.  Retiró a Jesse Jackson de organizar manifestaciones.  El senador demócrata Joe Leiberman, quien luego se convirtió en presidente del Comité Senatorial de Seguridad Nacional, rompió filas y pidió que se concediera la victoria a Bush.

Esto debería servir como una lección para no contar con el Partido Demócrata para proteger los derechos del pueblo.  En el análisis final, no se podía confiar en que el Partido Demócrata defendiera a los votantes afroamericanos.  Al final, su lealtad fue solo para el Gran Capital.

Los lectores deben tomar nota de que después de esas elecciones y los ataques del 11 de septiembre, EUA inició la interminable “Guerra contra el terrorismo” y la segunda guerra contra Irak.  En EUA, la expansión del aparato represivo del estado se engrandeció, una tendencia que V.I.  Lenin describió en el folleto “El Estado y la revolución”.

En el 2002, se aprobó la Ley de Seguridad Nacional y en el 2003 se formó el Departamento de Seguridad Nacional.  Hoy, es el tercer departamento más grande del gabinete y está coordinado en la Casa Blanca por el Consejo de Seguridad Nacional.  Tiene 240.000 empleados.  Por ley, los empleados del DHS [por sus siglas en inglés] no pueden estar representados por un sindicato.  Peter Andreas, profesor de la Universidad de Brown, describió la creación del DHS como la reorganización gubernamental más importante desde la Guerra Fría.

Si bien se están haciendo comparaciones entre el 2000 y hoy, es importante señalar que el 2020 es mucho más volátil puesto que el capitalismo está en una decadencia más profunda.  El sistema imperialista estadounidense, que está en contracción, se encuentra en competencia directa con el crecimiento de la economía china.

Elecciones de 1876, libertad negra y Reconstrucción

Las elecciones de 1876 también fueron completamente manipuladas y básicamente anularon la era de la Reconstrucción posterior a la Guerra Civil con un acuerdo que tuvo profundas consecuencias. Samuel J. Tilden había vencido a Rutherford B. Hayes tanto en el voto popular como en el Colegio Electoral. Pero después de muchas maniobras, Hayes fue declarado ganador.

El líder marxista Vince Copeland lo explicó mejor en su libro “Elecciones de mercado”: ​​“La historia del cambio de votos de 1876 no es solo una de corrupción en las urnas, sino de traición de proporciones colosales. Dirigida en primer lugar contra el pueblo negro, en segundo lugar contra la mayoría blanca del norte que había sacrificado tanto en la Guerra Civil, y tercero contra los blancos pobres del sur, que ahora se convirtieron lentamente en sirvientes para linchamientos al servicio de la misma clase que más los oprimía.

“Se había llegado a un acuerdo con Carolina del Sur, Florida y Luisiana en nombre de la clase dominante del Sur, de que se pondría fin a la Reconstrucción y que las entonces tropas revolucionarias de la Unión se retirarían de su ocupación del Sur.

“Por otro lado, era realmente cierto que estos estados – y casi todos los estados del Sur – habían amañado las elecciones, particularmente contra los votantes negros. Pero si los republicanos hubieran iniciado un proceso para revertir esto, habría significado una continuación de la Reconstrucción, algo que ellos mismos no querían”.

¿Por qué plantear 1876? Porque ilustra lo absolutamente antidemocráticas que son las elecciones capitalistas y muestra el factor determinante detrás de esta traición: la alianza entre el capital del Norte y los terratenientes del Sur, que se basó en el desarrollo económico capitalista.

Además, tiene otro significado hoy para nosotros. El actual movimiento antirracista y antiterrorismo policial, Las Vidas Negras Importan, es una continuación de la lucha que fue detenida por la contrarrevolución contra la Reconstrucción, literalmente el período más democrático de los Estados Unidos.

La traición de 1876 subraya la importancia de preservar, defender y expandir lo que ocurre hoy en las calles. Aunque no sea reconocido por muchos de los que se unen a la lucha espontánea que está teniendo lugar ahora, aquella revolución inconclusa por la libertad del pueblo negro se está resucitando hoy.

Lo que está básicamente en juego en la lucha actual es si este movimiento será aplastado por las fuerzas reaccionarias y fascistas encabezadas por Trump, o si crecerá de una manera que pueda implementar cambios mucho más profundos que lleguen al corazón del sistema capitalista. Por supuesto, hay mucho más que eso; en última instancia, esta reacción está dirigida a toda la clase trabajadora.

Crisis capitalista y guerra imperialista

La clase dominante de Estados Unidos ciertamente preferiría una transición pacífica después de las elecciones. Esto le indicaría al mundo y a la población en su conjunto que su sistema es estable.

Pero eso puede que no sea posible en el 2021. El capitalismo como sistema está en profunda contracción, y la crisis inminente dentro de las estructuras gobernantes del estado capitalista es más grande que nunca.

La guerra imperialista está cada vez más cerca; es imperativo que la clase trabajadora vea esta elección desde una perspectiva internacional. ¿Qué significan estas elecciones y sus secuelas para los pueblos del mundo, especialmente para aquellos países que luchan por alguna independencia?

La perorata contra China de Trump en las Naciones Unidas puede parecer disparatada. Pero la realidad es que él está dando la posición del Pentágono. La guerra es la consecuencia natural del imperialismo y del conflicto del capitalismo con sus competidores. La estrategia del “pivote hacia el Este” ya estaba en la mesa antes de que Trump asumiera el cargo.

Independientemente del resultado de las elecciones, el peligro de una guerra imperialista – ya sean guerras indirectas a través de subsidiarios, intervenciones directas, sanciones y bloqueos más profundos – se intensificará y amenazará con agravar la pandemia y la crisis climática.

Prepararse para la intervención de la clase trabajadora

Es muy difícil predecir exactamente hacia dónde se dirige todo esto. ¿Trump tiene la fuerza para llevar a cabo y conducir un golpe? ¿Cómo reaccionará la Corte Suprema? ¿Qué papel jugarán los militares? Todo esto es importante. Pero el factor más importante es reconocer que el peligro es real.

La clase obrera y los socialistas revolucionarios no pueden quedarse al margen y esperar a ver qué van a hacer las fuerzas burguesas. Esto sería peligroso.

El papel histórico desempeñado por los terroristas de derecha durante las crisis capitalistas es reprimir a los movimientos de masas de la clase trabajadora y a la propia clase trabajadora.

En “El Klan y el gobierno: ¿enemigos o aliados?” Sam Marcy escribió: “El crecimiento del fascismo en todas partes ha estado ligado firmemente a las grandes empresas; ese es su salvavidas. … Incluso en los llamados mejores tiempos, el gobierno capitalista no solo tolera organizaciones terroristas como el Klan, sino que una vez que la lucha de clases de los trabajadores y el pueblo oprimido adquiere el carácter de un genuino levantamiento de masas, el gobierno capitalista es más propenso que nunca a alentar y promover grupos como el Klan y otros medios de represión.

“Es imposible llevar a cabo una política antifascista consistente a menos que se tenga en cuenta el factor clave y decisivo para rendir y destruir la amenaza fascista: la clase trabajadora, el pueblo oprimido y sus aliados”.

En nuestro artículo anterior escribimos: “Preparémonos para noviembre: a convocar una huelga general del pueblo.

“No debe haber una aceptación pasiva de una elección robada, independientemente de cómo se desarrolle. Cualquier circunstancia de este tipo debe considerarse ilegítima. Hay mucho en juego. La clase trabajadora debe prepararse lo más posible para intervenir en su propio nombre. No podemos esperar por los demócratas, especialmente si se inclinan a sentarse y esperar otros cuatro años, ni podemos ceder y permanecer al margen.

“En cambio, deberíamos prepararnos para una huelga general del pueblo. Ya estén empleados o desempleados, estudiantes, jóvenes, organizados o no organizados, el objetivo es cerrar el sistema mediante una acción masiva. Para aquellos que puedan, planeen marchar en Washington, D.C. y ocupar la capital hasta que Trump se vaya. Necesitamos apelar directamente a los sindicatos y a la comunidad.

“Si Biden prevalece, no significa que la lucha haya terminado.

“Estará presidiendo una crisis capitalista y no tiene respuesta alguna para nuestra clase. Nuestro mensaje debe ser impulsar enérgicamente al movimiento para exigir: ¡Acabemos con el terror policial y la supremacía blanca! ¡Atención sanitaria para todos! ¡Cancelar alquileres y ejecuciones hipotecarias! ¡Trabajos o ingresos garantizados para todos! ¡Derechos de los trabajadores y pago por trabajo riesgoso! ¡No a las guerras y las sanciones”!

Hay muchas ideas buenas sobre cómo movilizarse; todas deben aplicarse de la manera más enérgica posible.

El futuro de la humanidad depende de lo que hagamos en esta crítica coyuntura. El capitalismo está literalmente en un callejón sin salida y puede hacer muy poco para resolver las principales crisis que afectan al mundo, ya sea la pandemia, el catastrófico cambio climático, los incendios en California o la atención médica, la vivienda, la comida y el empleo para el pueblo.

Como sistema, el capitalismo está tan ligado a la explotación de personas negras y marrones e inmigrantes que se ve incapaz de responder incluso a la más modesta exigencia de respetar los cuerpos negros.

El socialismo es la respuesta. En esta coyuntura, el lobo está a la puerta y se necesitará unidad y audacia para detenerlo.