Los crímenes de Biden — y de Trump — en Ucrania

Joe Biden predica la austeridad en el parlamento ucraniano, diciembre de 2015.

Mientras el presidente de Estados Unidos Donald Trump pronunciaba un belicoso discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 24 de septiembre atacando a Irán, Venezuela, China y a los trabajadores y oprimidos de todo el mundo, la presidenta de la Cámara de Representantes del Partido Demócrata Nancy Pelosi anunció el comienzo de una investigación para la destitución de Trump.

Sin embargo, el proceso de destitución no tiene que ver con las numerosas violaciones de Trump a la ley internacional, tales como descartar el acuerdo nuclear con Irán, ser cómplice de la confiscación de los bienes de Venezuela en el extranjero y de su Embajada en Washington, o reforzar el bloqueo ilegal contra Cuba. 

Tampoco tiene que ver con la violación masiva de los derechos humanos en la frontera entre México y Estados Unidos o el encarcelamiento de refugiados en campos de concentración. Tampoco se trata de que sus políticas fomenten la destrucción del medioambiente.

No, el proceso de destitución se centra en una llamada telefónica hecha el 25 de julio entre Trump y el presidente ucraniano Vladimir Zelensky, en la que Trump presuntamente presionó a Zelensky para que investigara los cargos de corrupción contra el ex vicepresidente y actual candidato presidencial demócrata, Joe Biden.

Este cargo “explosivo” fue hecho por un agente de inteligencia que presentó una denuncia incriminatoria. El agente insinuó que Trump había exigido un ‘quid pro quo’ a Zelensky a cambio de seguir recibiendo ayuda de Estados Unidos. 

Más tarde se informó que la administración Trump había retenido temporalmente casi 400 millones de dólares en ayuda militar a Kiev antes de la llamada. La ayuda militar fue liberada después. Trump dice que no había conexión entre la llamada y su “revisión” de la ayuda. 

Es razonable preguntarse por qué la dirección del Partido Demócrata considera que este juicio político es digno, cuando los asuntos de vida o muerte que afectan a millones de trabajadores no lo son.

La explicación oficial, según The Guardian, es que “es ilegal que una campaña política acepte ‘una cosa de valor’ de un gobierno extranjero. Los demócratas dicen que una investigación de un oponente político, para lo cual Trump parece haber estado presionando, equivaldría a “una cosa de valor”.

Lo que nadie en Washington ni en los medios corporativos se preocupa por mencionar son los crímenes reales y mortales del gobierno de Estados Unidos y de las grandes empresas en Ucrania, tanto bajo la administración demócrata de Obama, en la que Biden trabajó, como ahora bajo la administración de Trump.

Soldado de EE.UU. ayuda a neonazis

El 23 de septiembre, el periodista investigativo de Grayzone Ben Norton informó sobre el arresto por parte del FBI, de Jarrett William Smith, un soldado estadounidense que quería unirse al Batallón Azov, un grupo militar neonazi en Ucrania.

“Mientras servía en el ejército de Estados Unidos,” escribió Norton, “este extremista de derecha dio a los militantes fascistas de Ucrania y otros países información sobre cómo construir bombas. … 

“El FBI dijo que también había planeado viajar a Ucrania para unirse al Batallón Azov, una milicia neonazi que durante años ha sido apoyada directamente por el gobierno de Estados Unidos”.

Esta es la verdadera historia sobre Ucrania que debe ser traída a la atención de los trabajadores y los oprimidos, porque informa sobre los crímenes mucho más significativos de Biden, Trump y la clase patronal acaudalada a la que ambos sirven:

  • cómo Estados Unidos inició un régimen golpista de derecha en Ucrania en 2014 con la ayuda de fascistas declarados; 
  • cómo el nuevo gobierno apoyado por Washington lanzó una sangrienta guerra contra el pueblo de la región minera de Donbass, al tiempo que aumentaba las amenazas militares contra la vecina Rusia; 
  • La represión continua contra los opositores al régimen, incluyendo el encarcelamiento de cientos de prisioneros políticos, palizas y asesinatos por parte de grupos neonazis, y la masacre de 48 personas en la Casa de los Sindicatos en Odessa el 2 de mayo de 2014;
  • cómo la austeridad y la privatización han beneficiado a los grandes capitalistas y bancos occidentales, perjudicando sin embargo al pueblo de Ucrania;
  • y el hecho de que este proceso, que comenzó bajo la administración demócrata de Obama, continúa hoy bajo el Trump republicano.

Norton cita varios ejemplos anteriores de colaboración entre los supremacistas blancos estadounidenses y los fascistas ucranianos. El año pasado por ejemplo, se descubrió que miembros de un grupo de California que participaron en los violentos ataques racistas de Charlottesville en 2017, habían asistido a un campo de entrenamiento de Azov.

Azov se formó en 2014 como una de las varias “milicias de voluntarios” neonazis que, junto con las Fuerzas Armadas ucranianas, han librado la guerra contra los residentes, en su mayoría ruso parlantes, de la región minera de Donbass al este de Ucrania. En un referéndum popular, los residentes de Donbass votaron abrumadoramente a favor de la independencia y formaron las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. 

En 2015, cuando algunos congresistas estadounidenses expresaron su malestar por apoyar a un grupo que utiliza firmas signos fascistas, Azov fue rápidamente incorporado a la Guardia Nacional ucraniana para ofrecer una cobertura al entrenamiento y el equipo militar de Estados Unidos y la OTAN.

El 25 de febrero, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos informó que el número de muertes había llegado a 13.000 desde que comenzó la guerra en Donbass en 2014, con más de 30.000 heridos. Millones de personas fueron desplazadas y se convirtieron en refugiados como resultado de la guerra.

Para mantener un velo de “negación creíble”, la administración Obama había prohibido la venta directa de “armas letales” a Ucrania, facilitando esas ventas sin embargo, a través de terceros países como las monarquías del Golfo. Trump eliminó esa restricción.

Aunque Zelensky fue elegido por los ucranianos con la esperanza de poner fin a la guerra, los ataques militares de Kiev han aumentado desde que asumió el cargo en mayo.

El papel de Biden

Desde el comienzo de la guerra en 2014 hasta 2016, el vicepresidente Joe Biden sirvió como un virtual gobernador colonial de Ucrania. Visitaba el país con frecuencia, combinando recompensas y castigos para garantizar que el conjunto de oligarcas, políticos pro-occidentales y neonazis que tomaron el poder hicieran lo que Washington quería. 

El 25 de abril de 2014, este autor escribió: “La llamada ‘campaña antiterrorista’ [ataque militar a Donbass] fue lanzada tras una visita del director de la CIA John Brennan a Kiev los días 12 y 13 de abril. Tras humillantes reveses, incluyendo la deserción de muchas tropas que el régimen creía leales, el ataque se reanudó inmediatamente después de que el vicepresidente estadounidense Joe Biden, volara a Kiev el 22 de abril para ejercer más presión y prometer más ayuda”.

Fue Biden, más que ninguna otra figura de la administración Obama, quien supervisó las brutales “reformas” de austeridad y privatización exigidas por los grandes bancos y la guerra igualmente brutal de Donbass. 

Esto incluía la privatización de las ricas tierras agrícolas de Ucrania y su adquisición por Monsanto y otras corporaciones agroindustriales occidentales que empujan los transgénicos -una de las muchas disposiciones exigidas por el Fondo Monetario Internacional a cambio de un rescate de 17.500 millones de dólares-, así como la introducción del ‘fracking’. El hijo de Biden, Hunter Biden, estaba directamente involucrado en esto último como ejecutivo de la compañía productora de gas Burisma Holdings, junto con otros capitalistas con estrechos vínculos a la administración Obama.

Los cargos de corrupción que Trump supuestamente quería que Ucrania investigara tienen que ver con el papel de Joe Biden en el despido del Fiscal General ucraniano Viktor Shokin, quien supuestamente debía investigar corrupciones. Una de las entidades que Shokin estaba investigando era Bursima Holdings.

En una reunión del Consejo de Asuntos Exteriores, Joe Biden se jactó más tarde de cómo utilizó la amenaza de retirar una línea de crédito de mil millones de dólares para que despidieran al fiscal. Todo perfectamente legal y normal, se asegura. 

Los principales medios de comunicación, e incluso los medios alternativos como The Nation y The Intercept, se han esforzado mucho en justificar la conducta de Biden, tildándola como legal e inatacable, aunque admiten una apariencia de “improcedencia”. 

¡Después de todo, este tipo de conducta es costumbre normal para los políticos estadounidenses y la clase rica a la que sirven, sin importar a qué partido capitalista pertenezcan! 

El predicador de la austeridad

En diciembre de 2015, Biden habló en la Rada, el parlamento ucraniano, sobre la necesidad de “acabar con el amiguismo”. Elogió a los que llevaron a cabo el golpe dos años antes y a los que cometieron crímenes de guerra contra la población civil de Donbass.

También advirtió a los políticos allí reunidos que no perdieran los nervios al aplicar medidas de austeridad contra los trabajadores si querían seguir recibiendo dinero de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional. 

“La parte más importante para seguir adelante con el programa del FMI requiere reformas difíciles. … votar para elevar la edad de jubilación es escribir su obituario político en muchos lugares. … Requiere sacrificios que pueden no ser políticamente convenientes o populares. …les insto a que mantengan el curso a pesar de ser tan duro como es”.

Cualquier trabajador, mirando estos hechos, podría preguntarse no sólo sobre la evidente corrupción, sino sobre cómo es “normal” y “legal” que un político estadounidense dicte la política económica y la política en general de otro país, incluyendo la guerra y la paz, la pobreza y la austeridad.

Tanto Biden como Trump, al igual que congresistas demócratas y republicanos están llevando a cabo su lucha por el poder y los privilegios sobre una montaña de cuerpos de niños, civiles y antifascistas asesinados en Donbass, y sobre la represión continua de los opositores políticos, periodistas y trabajadores comunes en Ucrania. 

Ese es el verdadero escándalo y la verdadera historia que debe ser expuesta.