
La administración de Trump está confiscando el combustible de Cuba, abordando barcos a punta de arma y preparando una invasión. En los puertos de Florida y Texas, los agentes federales confiscan el combustible destinado a la isla. Equipos de la Guardia Costera detienen a buques de carga cerca de Cuba, mientras que en todo el Caribe y el Pacífico oriental el Pentágono hace estallar pequeñas embarcaciones, mata o captura a sus tripulaciones y califica a los muertos de «narco-terroristas».
Ahora, los planificadores del Ejército de los Estados Unidos están calculando la cantidad de policía militar, cirujanos de combate e ingenieros necesarios para desembarcar tropas en suelo cubano. Detrás de estas operaciones hay una única ofensiva: aislar a Cuba del combustible, tomar el control de las rutas marítimas circundantes y planear el derrocamiento de su gobierno por la fuerza.
El 7 de octubre, agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) en Miami anunciaron que habían incautado 90 envíos de biodiésel —más de 600,000 galones— con destino a Enetec, un mayorista de combustible del gobierno cubano. Los cargamentos fueron interceptados en Port Everglades, en Fort Lauderdale, Florida, y en el puerto de Houston. José Figueroa, el agente de HSI a cargo en Miami, lo calificó como un plan «deliberado y coordinado» para eludir las sanciones.

El combustible era legal según la legislación cubana e internacional. Lo que se topó fue un bloqueo que la administración de Trump ha endurecido durante todo el año. Una orden ejecutiva del 29 de enero amenazó con imponer aranceles a cualquier país que vendiera petróleo a Cuba, y México, que en ese momento era el principal proveedor de la isla, detuvo sus envíos. Es posible que aún lleguen pequeñas cantidades de combustible de Estados Unidos a las empresas privadas de Cuba. Sin embargo, nada puede destinarse al sector socialista que administra los hospitales, las bombas de agua y las centrales eléctricas. El 29 de septiembre, la administración también se volvió contra las empresas privadas, endureciendo las prohibiciones sobre sus transacciones con bancos estadounidenses. El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que las nuevas medidas «desenmascaran a quienes afirman estar solo en contra del gobierno cubano y sus empresas».
El 5 de septiembre, personal armado de la Guardia Costera abordó el carguero Grace, con bandera de las Comoras, en aguas internacionales entre México y Cuba, y lo condujo al puerto mexicano de Progreso. La Guardia Costera informó haber detenido en junio a otro buque con destino a Cuba.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, respondió el 8 de octubre: Estados Unidos no tiene autoridad para decidir quién puede comerciar combustible con Cuba, para detener y registrar buques en alta mar —ni para «bombardear y ejecutar extrajudicialmente» a personas por «navegar de manera sospechosa». El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, califica los bombardeos a embarcaciones como «terrorismo patrocinado por el Estado» y afirma que se utilizan las mismas tácticas para hostigar los envíos de combustible con destino a Cuba.
Las incautaciones de combustible y los abordajes a buques de carga apuntan directamente a Cuba. Los ataques a embarcaciones extienden la ofensiva por todo el Caribe y el Pacífico oriental, creando un poderío militar que puede dirigirse contra cualquier país o empresa que intente abastecer a Cuba.
El 4 de octubre, la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental del Comando del Sur voló una pequeña embarcación en el Caribe y mató a cuatro personas. Su comunicado no mencionó ninguna bandera, ni carga, ni ubicación —solo «información de inteligencia confirmada». La campaña ha causado la muerte de al menos 235 personas en 70 ataques desde septiembre de 2025. La autoridad que invoca Trump es un «conflicto armado» contra los cárteles latinoamericanos —una guerra que él mismo declaró.
Hundidos junto con las pruebas
A partir del 28 de agosto, en el Pacífico oriental, las fuerzas del Pentágono, en colaboración con el gobierno de Ecuador, interceptaron al menos ocho barcos pesqueros procedentes de la costa ecuatoriana de Manabí, sacaron a las tripulaciones y hundieron las embarcaciones. El Comando Sur los calificó de «estaciones flotantes de combustible» para la banda de Los Choneros. Las tripulaciones fueron desembarcadas en Manta y en las Galápagos como náufragos, y luego encarceladas y acusadas de «asociación ilícita».
El 5 de septiembre, el juez Juan Dueñas, de Manta, liberó a 28 de ellos. Concluyó que los barcos habían sido hundidos sin autorización y que la escena del hecho había sido destruida: el Pentágono había enviado las pruebas al fondo del mar. El 11 de septiembre, un tribunal de las Galápagos liberó a otros 28. El 7 de octubre, un juez de Manta declaró inocentes a 32 tripulantes del Conquista II y del María Candelaria. Otros 56 trabajadores pesqueros esperan sentencias. Ahí queda la afirmación del secretario de Estado Marco Rubio, hecha en Quito en septiembre, de que las operaciones tenían como objetivo corredores de drogas «terroristas», no a tripulaciones pesqueras.
Las familias lucharon desde el primer día. Los familiares montaron guardia en los muelles de Manta, mientras que el Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil presentó recursos de hábeas corpus que obligaron a las autoridades a dar cuenta de los tripulantes desaparecidos en el mar. En el tribunal, la fiscalía no pudo probar sus cargos. El abogado defensor Juan Alvia afirma que ha recibido amenazas por su trabajo en estos casos.
En el Caribe, la redada del 4 de octubre no dejó a nadie con vida para ser juzgado. En ambos mares, el Pentágono ha demostrado que puede detener, incautar o destruir cualquier embarcación de la región por simple decisión propia, sin pruebas ni cargos. Cualquier impugnación llega después de los hechos. Los tribunales de Ecuador rechazaron las acusaciones, pero los barcos ya se habían ido. Todas las tripulaciones de pesca y de cargueros en estas aguas trabajan ahora bajo esa amenaza.
Quién compra, quién paga
El bloqueo tiene compradores. Después de que una orden ejecutiva del 1 de mayo extendiera las sanciones a empresas extranjeras en los sectores energético y minero de Cuba, la canadiense Sherritt International —uno de los mayores inversionistas extranjeros en la isla, con 32 años en sus minas de níquel y cobalto— se retiró de su empresa conjunta en Moa. El 20 de mayo, Sherritt firmó un acuerdo no vinculante que podría otorgarle a Gillon Capital —la oficina familiar del inversionista texano Ray Washburne— una participación mayoritaria en la propia Sherritt, a un precio inferior al de sus acciones. Washburne dirigió el banco de desarrollo internacional del gobierno federal durante el primer mandato de Trump y posteriormente formó parte del consejo asesor de inteligencia de Trump. El Departamento de Estado y el de Hacienda afirmaron que no se oponían a las negociaciones.
Lo que las sanciones de Estados Unidos le quitan a una empresa canadiense, un allegado a Trump está listo para comprarlo con descuento. El mismo gobierno que impone las sanciones tiene el poder de aprobar la venta.
El bloqueo también despeja el camino para los capitalistas de Estados Unidos. Tras la orden de sanciones del 1 de mayo, CMA CGM y Hapag-Lloyd, las navieras francesa y alemana que transportaban la mayor parte de las mercancías que llegaban a Cuba por mar, dejaron de aceptar reservaciones con destino a la isla. Se interrumpió el suministro de combustible procedente de México y Venezuela, así como de mercancías provenientes de Europa y China.
Las empresas estadounidenses ocuparon el lugar. Con licencias del gobierno de Estados Unidos, venden combustible, alimentos y automóviles a las empresas privadas de Cuba, enviados desde Miami, Houston, Nueva Orleans y otros puertos. En 2023, Estados Unidos ocupó el décimo lugar entre los proveedores de Cuba. Este año va camino de convertirse en el mayor. El gobierno que bloquea a Cuba ha convertido a sus propios capitalistas en los principales proveedores de la isla.
El pueblo cubano paga con apagones, grifos secos y paradas de autobús vacías. El 10 de octubre, una falla en una línea de transmisión dejó sin luz a las cinco provincias del este, lo que afectó a más de 3 millones de personas. Para la hora pico de la noche del 11 de octubre, la empresa eléctrica de Cuba esperaba cubrir menos de la mitad de las necesidades del país. La agencia de noticias española EFE contabiliza un total de ocho colapsos de la red eléctrica este año. Una línea falla y cinco provincias se quedan a oscuras porque todo el sistema funciona al límite, con escasez de combustible y repuestos. En La Habana, circulan poco más de 100 autobuses, cuando la ciudad necesita 3,000. El asedio al combustible ha paralizado nueve décimas partes del sistema de abastecimiento de agua. La mortalidad infantil se ha más que duplicado, según afirma el viceministro de Relaciones Exteriores, Fernández de Cossío.
El objetivo más amplio es la independencia económica conquistada por la Revolución Cubana. El bloqueo priva al sector socialista de Cuba de combustible y suministros, mientras que los capitalistas de aquí hacen fila para apoderarse de minas, industrias y otros activos si el gobierno cae. The Guardian informa que aliados de Trump y Rubio ya compiten por el control de los activos de Cuba. El objetivo es volver a poner la economía cubana bajo el dominio del capital estadounidense.
Pero el bloqueo se está encontrando con una respuesta organizada. Los equipos de línea restablecieron la energía eléctrica en las provincias del este en unas cuatro horas. Las autoridades están desplegando generadores para mantener en funcionamiento 29 fuentes de agua críticas y planean parques solares dedicados al sistema de agua de La Habana para 2027. El sistema socialista que el bloqueo intenta quebrantar se está movilizando para defender el suministro de agua. Los preparativos del Pentágono están dirigidos a una sociedad que no se ha quebrantado.

Unidades para una ocupación
Los preparativos del Pentágono para una acción militar contra Cuba han avanzado por etapas. A principios de este año, las fuerzas estadounidenses inspeccionaron el lecho marino y las aguas adyacentes a Cuba, y las unidades aéreas se pusieron en estado de alerta máxima para un despliegue que luego fue cancelado, según informaron miembros del personal militar a CBS News. La CIA ha formado un nuevo grupo de trabajo sobre Cuba para espionaje, operaciones cibernéticas e influencia encubierta, informó The New York Times. Luego, el 25 de septiembre, CBS informó que el cuartel general de la Reserva del Ejército había preguntado a sus comandos cuáles de los seis tipos de unidades podrían asignarse al Comando Sur, posiblemente «necesarias en 90 a 120 días». El mensaje no menciona a Cuba; varios funcionarios le dijeron a CBS que Cuba es el objetivo.
La lista incluye una brigada de policía militar, una brigada médica, un equipo quirúrgico de avanzada, un batallón de ingenieros y unidades de logística, entre ellas un comando capaz de abastecer a todo un teatro de operaciones. La policía militar administra los campos de detención y los puestos de control. Los equipos quirúrgicos de avanzada atienden a los heridos cerca de los combates. Los ingenieros y las unidades de logística mantienen a las tropas sobre el terreno. Para los bombardeos solo se necesitan aeronaves. Estas son las fuerzas necesarias para invadir y ocupar Cuba.
Nada en el mensaje indica que se haya ordenado el despliegue de ninguna unidad. Enumera lo que está disponible —el paso previo a las órdenes—. De 90 a 120 días a partir de finales de septiembre abarca desde finales de diciembre hasta enero.
Las amenazas de Trump revelan hacia dónde se dirige la ofensiva. En marzo dijo que esperaba tener «el honor de tomar Cuba». En la Asamblea General de las Naciones Unidas del 22 de septiembre, prometió utilizar un «poderío militar sin igual» en el hemisferio si fuera necesario y dijo del gobierno de Cuba: «Caerá». La delegación cubana abandonó la sala. El 28 de septiembre, Rubio declaró: «Cuba ya ha caído».
Esta es la administración que secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro y a la Primera Combatiente Cilia Flores el 3 de enero. Sobre el acuerdo petrolero con Venezuela que siguió, Trump le dijo a la Asamblea General: «Al vencedor le corresponde el botín».
Cuba ya ha derrotado una invasión antes. En abril de 1961, una fuerza entrenada por la CIA desembarcó en Playa Girón, la Bahía de Cochinos, y fue derrotada en menos de tres días por el ejército revolucionario y las milicias populares de Cuba. Desde la década de 1980, la defensa de Cuba se ha basado en la Guerra de Todo el Pueblo, que prepara a los trabajadores, campesinos y estudiantes en cada lugar de trabajo y barrio para defender su territorio. Los Comités de Defensa de la Revolución se organizan cuadra por cuadra. El Pentágono puede contar con su propia policía militar y sus cirujanos. No puede contar con la resistencia que encontraría. En Ecuador, las familias organizadas se opusieron al caso del Pentágono, y este fracasó en los tribunales. En Cuba, un ejército de ocupación se enfrentaría a todo un pueblo organizado para combatirlo.

Esa resistencia no está sola. Este año, la Oficina Internacional de la Paz otorgó el Premio de la Paz Seán MacBride a la Flotilla Nuestra América, que lleva ayuda a Cuba, junto con la Coalición de la Flotilla de la Libertad y la Flotilla Global Sumud que zarpó hacia Gaza. En Estados Unidos, la campaña NoWarOnCuba ha convocado una semana de acciones del 24 al 31 de octubre, con un Día Mundial de Acción el 28 de octubre, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas vote por 34.ª vez sobre el bloqueo. Mientras Cuba se prepara para defenderse, esas acciones llevan la lucha contra el bloqueo y la amenaza de invasión al propio país que los lleva a cabo.
Traducido por Resumen Latinoamericano – EE. UU.
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