Ocho millones de personas se manifiestan en “No Kings 3” mientras la política antibélica surge desde la base

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Un manifestante de San Francisco establece la conexión el 28 de marzo: «EE. UU., no te metas en Cuba». Foto: Bill Hackwell

Los organizadores montaron el escenario. Las multitudes aportaron la política.

Más de 8 millones de personas llenaron las calles en más de 3.000 ciudades y pueblos de todo el país el 28 de marzo en la tercera ronda de protestas «No Kings»: la mayor movilización hasta la fecha contra la administración Trump y, según el recuento de los organizadores, la mayor protesta de un solo día en la historia de EE. UU.

Las cifras provienen del Movimiento 50501, la organización en línea que cofundó la campaña «No Kings» junto con Indivisible y MoveOn. Las multitudes se agolparon en Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Atlanta y Dallas.

«No Kings» se diseñó para contener el movimiento dentro de la política del Partido Demócrata y canalizar la creciente ira hacia las elecciones de 2026. Pero las multitudes traspasaron ese marco.

En casi todas las protestas se vieron pancartas y se escucharon consignas contra la guerra, a pesar de que los organizadores oficiales restaron importancia o ignoraron la guerra de EE. UU. contra Irán en sus mensajes públicos. La página web oficial de No Kings enumeraba quejas que iban desde la sanidad hasta la corrupción y los multimillonarios, pero no mencionaba la guerra contra Irán. Los organizadores de varias ciudades la mantuvieron fuera del programa, y en las concentraciones donde se controlaba a los oradores, se bloquearon las voces contra la guerra. No fue un descuido. Reflejaba la dependencia política de los líderes respecto al Partido Demócrata, que se niega a romper con la guerra contra Irán.

Pero las multitudes no siguieron ese guion. «No al ICE, no a las guerras» fue el eslogan más común del día. La guerra contra Irán estaba en las pancartas, en las calles y en los labios de millones de personas cuya oposición no tenía cabida en el programa oficial.

Esa es la principal contradicción del movimiento en este momento. La infraestructura está ligada al Partido Demócrata, mientras que la política que se desarrolla en las calles va más allá de él. Indivisible y los grupos aliados intentaron canalizar la enorme ira hacia campañas de inscripción de votantes y mensajes para las elecciones de mitad de mandato de 2026. Los dirigentes demócratas en las manifestaciones no ofrecieron ninguna explicación del sistema más profundo que subyace a la crisis ni ningún camino a seguir más allá de la rutina electoral habitual. Mientras tanto, los contingentes de solidaridad con Palestina acudieron por miles, desde Seattle hasta Nueva York.

La política antibélica y pro-palestina visible en todo el país el 28 de marzo no se organizó desde el estrado. Surgió desde abajo —y se opuso directamente a los compromisos institucionales de quienes construyeron el escenario.

La guerra contra Irán fue el tema de política exterior que las multitudes llevaron al 28 de marzo a pesar de las objeciones de los organizadores. Pero no es el único frente en el que lucha la administración Trump.

El presidente venezolano Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores siguen bajo custodia estadounidense, recluidos con monos naranjas en un centro de detención de Nueva York tras ser capturados en una operación militar en enero que causó la muerte de más de 150 personas. La administración Trump está bloqueando los fondos venezolanos destinados a sufragar su defensa legal.

En Cuba, el bloqueo se está endureciendo: cortes diarios de electricidad, escasez de combustible y un intento de infiltración armada interceptado en febrero. Cientos de personas se manifestaron en el Bajo Manhattan el 26 de marzo, dos días antes de No Kings 3, exigiendo la liberación de Maduro y Flores. Esa manifestación no recibió cobertura de la prensa dominante ni reconocimiento por parte de los líderes de No Kings. El movimiento que superó a sus organizadores en lo relativo a Palestina e Irán tiene el potencial de establecer también esas conexiones.

El anuncio más importante llegó al final del día. Desde el escenario de Minneapolis, los organizadores de No Kings dijeron que la red se orientaría hacia una huelga general del Primero de Mayo: ni trabajo, ni colegio, ni compras el 1 de mayo.

Ese es un verdadero paso adelante. Las tres primeras rondas de No Kings fueron movilizaciones de protesta —impresionantes en tamaño, pero limitadas en influencia—. Una huelga plantea una cuestión diferente. Lleva la lucha al terreno de clase. Por eso se cita como modelo la huelga general de la AFL-CIO de Minneapolis del 23 de enero.

Que el 1 de mayo se convierta en algo más depende de la misma pregunta que se planteó el 28 de marzo: si el movimiento que el Partido Demócrata ayudó a sacar a las calles está preparado para ir más allá de lo que el Partido Demócrata está dispuesto a hacer. Ocho millones de personas en las calles sugieren que esa pregunta ya no es abstracta.

Fuente: Struggle La Lucha, traducción de Resumen Latinoamericano – Inglés


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