
Las contradicciones en esta colonia son inmensas. No solo el pueblo se enfrenta al poder imperial gringo, sino que está secuestrado por las peleas internas de una administración local que ganó las elecciones con menos de un 40% del electorado. O sea, que el 60% les votó en contra, lo que en cualquier parte del mundo sería una mayoría. Representado por el Partido Nuevo Progresista, que de progresista no tiene nada, estos baluartes de la derecha, tanto en la rama ejecutiva como en la legislativa, mantienen una rivalidad peligrosa compitiendo entre sí a ver quién es más irrelevante para el bienestar del pueblo, y quién avanza los proyectos legislativos más detrimentes para la población.
Encima, compiten a ver quiénes son más disque “religiosos.” Pero no la religión basada en obrar por el bienestar del prójimo, en la de hacer bien sin mirar a quién, sino en las doctrinas que criminalizan a la mujer y a la juventud.
Estos días se ha aprobado una ley y un proyecto en el Senado que tipifica la muerte del “concebido” no nacido como asesinato. En este país el aborto es legal, pero ahora desde las más altas esferas del gobierno, se intenta criminalizarlo. Términos como “nasciturus” y “ser humano concebido, pero no nacido,” en práctica, otorgan más derechos a dos células que se unen, pues estos términos incluyen cualquier etapa de gestación, así que el óvulo y el espermatozoide tienen más derechos como persona jurídica, que los niños y niñas ya nacidos. Debates, comunicados y entrevistas en los medios tratan de justificar lo injustificable.
En un país donde se le ha negado tanto a nuestros niños y a nuestra juventud al cerrar escuelas, eliminar programas que elevan la calidad humana del ser como las artes y la música. Donde la vivienda digna es inasequible y el costo de vida se ha disparado tanto que las ayudas para quienes carecen de un ingreso adecuado, no les dá para una compra básica. Donde al acceso a los servicios de salud es mínimo. Donde nuestros niños y niñas desaparecen, mueren asesinados, los narcos los reclutan. Donde aumentan los feminicidios y la violencia intrafamiliar. Pero eso no es importante para el gobierno. Para eso no se promulgan leyes, no se desarrollan programas. Para ellos y ellas es más fácil hablar de los derechos de las células y no del ser una vez nacido.
Desde Puerto Rico en lucha, para Radio Clarín de Colombia, les habló, Berta Joubert-Ceci
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