Afganistán se enfrenta al Estado Islámico

Un miembro de los talibanes afganos en el lugar de la explosión en Kunduz. Foto: Ajmal Kakar/Xinhua

El 8 de octubre, una terrible explosión sacudió a los fieles congregados para sus oraciones del mediodía del viernes en la mezquita Gozar-e-Sayed Abad, en el distrito de Khan Abad de Bandar, la capital de Kunduz, una de las mayores ciudades de Afganistán en su cinturón norte. Esta mezquita suele ser frecuentada por musulmanes chiíes, a los que el vocero talibán Zabiullah Mujahid se refirió como “nuestros compatriotas”. Cuarenta y seis personas murieron de forma inmediata en la explosión, y, según los funcionarios locales, muchas más personas resultaron heridas en el incidente. Poco después, el Estado Islámico en la provincia de Jorasán, ISKP (ISIS-K), se atribuyó el atentado en su canal de Telegram. El terrorista suicida fue identificado como Mohammed al-Uyguri por el ISIS-K.

El nombre del atacante hizo saltar las alarmas en toda la región. Indicaba que pertenecía a la comunidad uigur y que tenía relación con la región de Xinjiang, en el oeste de China, donde vive la mayor parte de la población uigur del mundo. El hecho de que un extremista chino atacara una mezquita chiíta generó suspicacia en Pekín y en Teherán.

Terroristas extranjeros

En junio de 2021, las Naciones Unidas informaron la presencia de entre 8.000 y 10.000 “combatientes terroristas extranjeros” en Afganistán. El informe afirmaba, además, que estos combatientes procedían principalmente “de Asia Central, la región del Cáucaso Norte de la Federación Rusa, Pakistán y la Región Autónoma Uigur de Xinjiang de China”. Aunque la mayoría de los combatientes habían declarado su afiliación a los talibanes, “muchos apoyan también a Al Qaeda” y “algunos están aliados con el ISIL o tienen simpatías por el ISIL”, según el informe. ISIL se refiere al Estado Islámico de Irak y el Levante, cuya franquicia afgana es ISIS-K.

En 2019, en Turquía, me encontré con un grupo de combatientes uigures de varias organizaciones terroristas, incluido el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental (ETIM), que ahora se llama Partido Islámico del Turquestán (TIP). Eran combatientes radicalizados, cuyo objetivo principal era luchar contra los “infieles”. No parecían interesados en nada más que eso. En 2002, las Naciones Unidas incluyeron al ETIM en su lista de terroristas.

Durante la guerra contra Siria, amplios sectores del ETIM – como el TIP – se trasladaron a la frontera entre Siria y Turquía. En la actualidad, el TIP tiene su base principal en Idlib (Siria), que es el centro de varias organizaciones yihadistas mundiales. Cuando quedó claro que los talibanes iban a tomar el poder en Afganistán, muchos yihadistas de Asia Central – incluidos los de China y Tayikistán – abandonaron Idlib para dirigirse a Afganistán. El líder del ETIM, Abdul Haq, permanece en Siria, donde también es miembro del Consejo de la Shura de Al Qaeda.

Las preocupaciones abundan en Irán

El 4 de octubre (cuatro días antes del ataque a la mezquita) una delegación iraní llegó a Afganistán para mantener conversaciones sobre el comercio transfronterizo y buscar garantías de que los talibanes no permitirán ataques ni contra los chiíes afganos ni contra Irán. Mientras tanto, en Kabul, los gobernadores de dos provincias fronterizas vecinas, la iraní Khorasan Razavi (Mohammad Sadegh Motamedian) y la afgana Herat (Maulvi Abdul Qayum Rohani), acordaron facilitar más el comercio transfronterizo y garantizar que no haya violencia transfronteriza. En otra reunión que tuvo lugar el 4 de octubre con Motamedian en la ciudad fronteriza iraní de Taybad, el adjunto de Rohani, Maulvi Sher Ahmad Ammar Mohajer, dijo que el Gobierno afgano “nunca permitirá que individuos o grupos extranjeros como el ISIS utilicen el territorio afgano contra la República Islámica de Irán”. “Nosotros (Irán y Afganistán) hemos derrotado al enemigo común”, dijo Maulvi Rohani en referencia a Estados Unidos.

Todas las señales indican cierta sinceridad por parte del gobierno talibán. El 7 de octubre, un día antes del ataque del ISIS-K a la mezquita chiíta de Kunduz, Maulvi Abdul Salam Hanafi (viceprimer ministro de Afganistán) se reunió con un grupo de ancianos chiítas para asegurarles que los talibanes no permitirían actividades contra los chiítas. Sin embargo, los miembros de la comunidad hazara – que es la comunidad chiíta de Afganistán – me dicen que temen volver al anterior gobierno de los talibanes; durante esa época, las masacres documentadas de los talibanes contra la comunidad chiíta hazara demostraron el sectarismo de los talibanes. Por ello, Irán se opuso a los talibanes y no ha reconocido formalmente al actual gobierno de Kabul. Sin embargo, durante los últimos años, los iraníes han estado trabajando con los talibanes contra el ISIS y el ISIS-K, con el general de brigada iraní Esmail Qaani como enlace con los talibanes.

Y en China

En los años 90, el Gobierno talibán permitió que el ETIM y otros grupos uigures operaran desde Afganistán. Esta vez, ya hay pruebas de que no permitirán oficialmente esa actividad. A principios de este año, los combatientes del ETIM se habían trasladado desde Siria a la provincia afgana de Badakhshan; los informes sugerían que los combatientes se habían reunido en el escasamente poblado Corredor de Wakhan de la provincia, que conduce a China. Pero en las últimas semanas, la seguridad de los talibanes los ha trasladado desde las ciudades que rodean la “frontera afgano-china” a otras partes de Afganistán (han corrido rumores sobre la intención de los talibanes de extraditar a los ETIM – si no a todos los 2.000 uigures que hay en Afganistán – a China, pero estos rumores no están confirmados).

A finales de agosto, Mattia Sorbi, del periódico italiano La Repubblica, se reunió con el vocero talibán Zabiullah Mujahid. Se trataba de una entrevista importante para los talibanes porque Italia es un socio clave de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China. Mujahid dijo a Sorbi que China está ayudando actualmente a Afganistán con fondos a corto plazo (incluyendo 31 millones de dólares en fondos de emergencia) y que los talibanes ven la BRI como su “pasaporte a los mercados de todo el mundo”. La concesión a largo plazo por parte de China de la mina de cobre de Mes Aynak, al sur de Kabul, permitirá que “vuelva a la vida y se modernice”, dijo Mujahid. Los talibanes están muy interesados en la BRI, dijo, “que llevará a revivir la antigua Ruta de la Seda”.

La BRI discurre a ambos lados de Afganistán, la ruta norte a través de Tayikistán hasta Irán y el Corredor Económico China-Pakistán hacia el sur. La desembocadura del Corredor de Wakhan supondría la apertura de una tercera ruta, que recorrería el espacio entre Kabul e Irán (y enlazaría los productos agrícolas de Pakistán con los mercados de Asia Central y Rusia).

El aislamiento de China e Irán no es una idea con buena recepción en Kabul. Estados Unidos está dispuesto a volver a comprometerse con los talibanes, lo que podría alterar las ecuaciones sobre el terreno. Si Estados Unidos permite a Kabul acceder a los fondos de su banco central, Da Afghanistan Bank, (con sede en Nueva York) o a los fondos del FMI, estos fondos ayudarán a proporcionar a los talibanes un salvavidas, pero no son – por sí mismos – una solución para Afganistán, en el medio de China e Irán y la posiblidad de su propia conexión a la nueva ruta de la seda.

Este artículo fue producido para Globetrotter.

Vijay Prashad  es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. También es miembro senior no-residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Su último libro es Washington Bullets, con una introducción de Evo Morales Ayma.